sábado, 26 de septiembre de 2009

MI MADRE


Después de un periodo de parón en mi recién estrenado blog, vuelvo con más fuerzas que nunca para explicar mis peripericias como ama de casa, madre, esposa, profesional buscando trabajo y como persona.

Este parón se debió al ingreso de mi madre en el Hospital y su posterior fallecimiento. En quince días se fué una vida para siempre. Aunque una vida marcada por el Alzeimer, a pesar de su edad, 75 años, tenía el Alzeimer muy avanzado, ya no nos conocía y le costaba andar, cada vez más de manera que una persona sola no podía, necesitaba ayuda.

Durante mi juventud siempre tuve a mi madre de "complice" para poder salir con mis amigas y luego con el que ahora es mi marido, ya que mi padre era muy estricto y no dejaba pasar ni una.

En realidad tampoco estuvimos muy unidas, yo era muy despegada e iba a mi bola. No me di cuenta de lo mucho que la necesitaba hasta que me casé, y mucho más cuando tuve a mi primera hija. Por estas fechas ya empezaba a desvariar un poco. Pero nunca nos hubieramos pensado que tuviera Alzaimer y menos tan joven.

Quizá para cuando nos dimos cuenta, ya era tarde, la enfermedad progresaba muy ràpido. Entonces hicimos cuanto estaba en nuestra mano. Para mi no fue facil dedicarme todo lo que debía ya que vivo en otra ciudad y mi propia famila.


Cuando por fin encontramos una residencia en condiciones, en que estaba muy bien atendida y nosotros más tranquilos, de repente coge fiebre, no se sabe lo que le pasa y al cabo de unos días la llevan a urgencias del Hospital del Mar. Allí pasa dos días y finalmente nos dicen que tiene una infección en la zona de la barriga y que la llevan al Hospital de la Esperanza. El primer fin de semana lo pasa bien. Hasta come (triturado) pero el domingo ya hace un poco el tonto, parece que no quiere comer. El lunes, los médicos le dicen a mi hermano que mi madre está muy mal, que tiene una infección y que no la pueden tratar debido al deterioro que sufre su cuerpo por la enfermedad del Alzeimer. A mi me lo dice la doctora en un despachito.


A pesar de todo, cuesta mucho de digerir lo que te han dicho. Me veo obligada a seguir con mi rutina de vida, alterada por los ratos que me paso en el Hospital haciendo compañía a mi madre, hablándole de sus nietas, de las cosas que me han pasado, en fin, unos rollos que le soltaba...


Fue duro ya que por esas fechas mi marido estuvo de viaje esas dos semanas y tuve que hacer unas combinaciones increibles para poder ir al Hospital. Pero gracias al apoyo de mis hijas lo iba sobrellevando.


El día antes de morir, le dije: Bueno, mama que ja marxo, no facis res dolent, portat bé..." medio así en conya y ella se incorporó y realizó el gesto de darme un beso, y lanzñó un beso al aire, cuando me acerqué a ella para ver si me daba otro beso ya había vuelto a su estado vegetativo.


El viernes día 10 de julio en pleno Tour de Francia y que pasaba por el camino al hospital, fue una mañana horrible. Tuve un sueño premonitorio, antes de salir de casa tuve que vomitar porque no me encontraba bien. Camino del hospital estaba inquieta y cuando llegué me fui directa a la habitación, allí estaba ella agonizando. Los médicos intentaron quitarle gravedad pero yo lo vi claro, se iba. Avisé a mis hermanos que la cosa estaba muy mal y fueran al hospital.

No nos dió tiempo a nada. En cuanto llegué, le administraron la morfina (la primera y única dosis) y en unos 15 minutos aproximadamente se fué. Durante esos minutos estuve a su lado, haciendo lo imposible para que se fuera tranquila, que supiera que no estaba sola, que estaba conmigo y que la iba a acompañar hasta el final. Y así fue. No tengo palabras para describir lo que sentí. Solo que me transmitió una paz, un descanso... algo sobrenatural que no se puede explicar.


Fue muy duro, mi madre era la última persona, a parte de mis hermanos de mi familia más próxima. Sentí que toda mi vida anterior se derrumbaba, como un muro que cae para quedar en el olvido. Pero en el caso de mi madre no es así. Siempre la recuerdo, cada día. Unas veces el momento en que murió, los días en el hospital, otros momentos en que la iba a ver a la residencia y salíamos a dar una vuelta por el barrio...


Nunca dejaré de quererla. Ahora mis hijas me cuidan y dicen que me querrán siempre. No se si será así pero yo siempre las querré a ellas, forman parte de mi.


En fin, este pequeño escrito es un homenaje a mi madre, que nunca pudo disfrutar de una vida tranquila y para cuando pudo hacerlo, el Alzeimer se apropió de ella.